Tú, que me hiciste crecer. Tus compañías, los cuentos,
sueños. No podía esperar a que algo fuera mejor. Pero. Sólo pero.
Hace tiempo que no somos cinco en la mesa. Te fuiste, jamás
nos dejaste… pero a ella, la eterna doncella, que inconsciente aun te espera en
la cama, desesperada. A ella el abandono la acompaña. La hace fuerte, también,
frágil.
Unas gotas de esta lluvia torrentosa y no ligera podrían
traer recuerdos, con ellos, suspiros, deseo.
Y ahora, de nadie te olvidas, pero sí de todos. Lejana-mente enamorado. Logras tomar mi mano y buscar la de ella, y cuando tomas la suya, te
olvidas de mis huellas.
Tú, amado padre.